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Pequeños cambios, corazones más fuertes

¿Sabías que hasta el 80% de los infartos y los ictus se podrían evitar? No es una cifra exagerada: es lo que confirman los cardiólogos del CNIC una y otra vez. La mayoría de los factores de riesgo cardiovascular no dependen de la genética, sino de decisiones que tomamos cada día, muchas veces sin darnos cuenta.

Cuidar el corazón no significa vivir con miedo ni renunciar a todo lo que nos gusta. Significa entender qué le hace bien a nuestro sistema cardiovascular y convertir ese conocimiento en hábitos sencillos, sostenibles y —por qué no— placenteros.

Hábitos que marcan la diferencia

  • Muévete con regularidad. Caminar 30 minutos al día reduce significativamente el riesgo de enfermedad coronaria, sin necesidad de convertirse en atleta.
  • Cuida lo que comes. Prioriza verduras, legumbres, pescado azul y aceite de oliva frente a los ultraprocesados y el exceso de sal.
  • Controla la tensión arterial. Es silenciosa, pero uno de los factores que más daño causa a largo plazo si no se vigila.
  • Duerme bien. Un sueño reparador regula el estrés y el ritmo cardíaco de formas que solemos subestimar.
  • Deja el tabaco. Ninguna otra decisión individual tiene un impacto tan inmediato y medible en la salud del corazón.

Ningún cambio necesita ser radical para ser efectivo. Empieza por uno solo, mantenlo unas semanas, y deja que se convierta en costumbre. Si quieres profundizar en recomendaciones personalizadas, consulta siempre con tu médico de referencia: la prevención es un trabajo en equipo entre tú y los profesionales que te acompañan.